La Secretaría de Educación de Guerrero puso en marcha en la entidad la estrategia nacional El ABC de las emociones, un programa de atención a la salud mental juvenil que contempla la participación de 2 mil 144 escuelas secundarias y 796 planteles de bachillerato, para sumar 2 mil 940 centros educativos distribuidos en las ocho regiones del estado. El arranque formal ocurrió en la Escuela Secundaria Técnica Rafael Ramírez Castañeda, en Chilpancingo, donde estudiantes de tercer grado sostuvieron una lectura compartida y un diálogo sobre emociones, empatía y convivencia.
La actividad se organizó en tres momentos: bienvenida y encuentro, lectura compartida y diálogo con compromiso. El texto elegido fue el cuento La vasija agrietada de Akimo, de la autora Silvia Comas, que sirvió como punto de partida para que los alumnos identificaran las emociones de los personajes, las relacionaran con situaciones de su vida cotidiana y compartieran qué hacen cuando enfrentan un sentimiento difícil. En representación del secretario de Educación en Guerrero, Ricardo Castillo Peña, acudió el director general de los servicios regionales, Nicanor Adame Serrano, quien encabezó la lectura.
El programa se inscribe en la Estrategia Nacional de Atención a la Salud Mental para las y los jóvenes y se coordina con el Gobierno de México. En Guerrero se articula con las acciones que impulsa la gobernadora Evelyn Salgado Pineda en materia de bienestar emocional adolescente. La iniciativa no se limita a las aulas: contempla una campaña masiva de sensibilización, la distribución de guías para jóvenes, asambleas informativas, pláticas interactivas y el fortalecimiento de la Línea de la Vida, el servicio telefónico de apoyo psicológico.
El alcance del programa responde a una necesidad documentada. La adolescencia y la juventud concentran factores de riesgo para ansiedad, depresión y conductas de autolesión, y en muchas comunidades de Guerrero el acceso a servicios de salud mental es limitado por la dispersión geográfica, la falta de especialistas y el costo de la atención privada. Que la estrategia llegue a casi tres mil planteles implica llevar herramientas de identificación emocional a municipios donde los jóvenes difícilmente tienen contacto con un psicólogo.
El enfoque elegido privilegia la lectura y el diálogo por encima de la conferencia o el diagnóstico clínico. Al trabajar con relatos, los estudiantes pueden nombrar lo que sienten sin exponerse directamente, lo que facilita la participación y reduce el estigma que todavía rodea a la salud mental. El tercer momento de la actividad, el diálogo y compromiso, busca que cada grupo acuerde acciones concretas de convivencia, como escuchar sin juzgar o pedir ayuda cuando sea necesario.
Para las familias, el programa representa una oportunidad de que temas que suelen quedarse en el ámbito privado se aborden en la escuela con lenguaje accesible. Para los docentes, implica sumar a su carga habitual una función de acompañamiento emocional para la que no siempre cuentan con formación específica, un riesgo que conviene vigilar para que la estrategia no se quede en el acto protocolario.
La distribución de guías y las asambleas informativas amplían el alcance más allá del aula, pero el impacto real dependerá de que la Línea de la Vida tenga capacidad de respuesta suficiente y de que existan rutas de canalización hacia servicios psicológicos cuando un estudiante requiera atención profesional. Sin ese segundo nivel, la detección temprana corre el riesgo de quedar sin seguimiento.
El programa arrancó en la región Centro y se extenderá al resto de las regiones del estado conforme avance el ciclo escolar. El reto será sostener la periodicidad de los encuentros y no reducirlos a una jornada simbólica, además de medir cuántos casos logran canalizarse efectivamente a atención especializada. La salud mental juvenil en Guerrero exige continuidad, no solo una fecha en el calendario.
